Alguna
vez se han preguntado cómo es que podemos oír y captar tantos sonidos a nuestro
alrededor, el mundo de la audición es maravilloso y por qué no mágico. Y es
gracias al oído que tenemos esa capacidad de adentrarnos al mundo radiofónico.
Muchos
no le damos la importancia debida a nuestros órganos auditivos, gracias a ellos
podemos percibir millones de sonidos, son ellos los que hacen el sonido.
Podemos escuchar el cantar de los pájaros, nuestra música favorita, el resoplar
del viento.
Dentro
de nuestra oreja podemos encontrar un conjunto de cavidades y huesos que nos
permiten escuchar a la perfección, como el tímpano, detrás de él encontramos a los
tres huesitos más pequeños de nuestro cuerpo martillo, yunque y estribo estos
funcionan como amortiguadores. También encontramos al caracol del oído, que
tiene la forma de una escalera en espiral con unos diminutos peldaños que
tienen la forma de un piano. Dentro del caracol se ubica el nervio auditivo, en
los lóbulos temporales del cerebro los sonidos captados se convierten en
información y sentimientos; nuestro cerebro, desde mucho antes que naciéramos recepcionó
todo tipo de sonido, ya adultos somos capaces de distinguir entre miles de
sonidos.
El
oído se diferencia de los demás sentidos, por ser el más cercano, el más
íntimo. Podemos estar rodeados de mucha gente, triste, enojada o cabizbaja,
pero nosotros nos encontramos en otro mundo, alegres y emocionados porque
escuchamos música, nuestra música favorita, el locutor a través de la radio nos
transmite todas sus emociones. Entonces teniendo en cuenta lo mencionado
anteriormente se puede afirmar que la radio es un medio íntimo que tiene una
herramienta muy particular, los sentimientos. Los locutores logran acercarse a
los oyentes utilizando un lenguaje más íntimo, es por eso que tienen mucho
cuidado con las tonalidades de voz, no pueden gritar ni vociferar porque no
estarían haciendo radio. Para que el mensaje radiofónico llegue al
radioescucha, debe impactar, emocionar, alterar, si no se logran estas
sensaciones están yendo directo al túnel del fracaso.
La
radio alegra nuestros días, estamos cansados, estresados o aburridos,
encendemos la radio, buscamos una emisora que nos ponga buena música y que nos
haga reír, nos relajamos y se nos olvida todo tipo de preocupación. Ocurriría
todo lo contrario si encendemos la radio y hallamos una emisora en la que los
locutores parecen estar cansados y enojados, no tienen espontaneidad, lo único
que lograrían en nosotros es amargarnos más el día. Esto último no debe
suceder, ser dinámicos, entusiastas, mostrar una actitud positiva es otra
manera de lograr la intimidad entre el oyente y el locutor.
Otra
característica resaltante de este medio es el poder que tiene de estimular
nuestra imaginación. Sólo es necesario escuchar las narraciones del locutor,
cerrar los ojos y recrear en nuestro interior cada momento, cada suceso para
sentirnos parte de la historia, para adentrarnos en ese mundo mágico que es el
de la imaginación. No importa si no podemos ver, sólo basta escuchar, oír, para
que nuestra imaginación despierte y se libere. Un locutor debe ser descriptivo
y narrativo, debe utilizar un lenguaje ameno y comprensible para toda la
audiencia, utilizar palabras que penetren en su mente, para que este se sienta
parte del programa.
En
conclusión la personalidad y esencia, de la radio las construimos nosotros, la
audiencia, con el poder de nuestro oído, mientras la radio junto a sus
locutores, nos hagan vibrar, nos emocionen y siga siendo atractiva, este medio
de comunicación continuará formando parte de nuestra vida y seguirá siendo
nuestra mejor compañía.
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